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Lo que me enseñó una multa inesperada.

  • Foto del escritor: Katherine Torres
    Katherine Torres
  • 8 jul
  • 2 Min. de lectura

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Hoy quiero compartir contigo una experiencia que viví recientemente, algo que comenzó como una gran frustración, pero que al final me dejó una reflexión muy profunda.

 

Si me sigues quizás sabes que estos días he estado fuera de circulación por una complicada condición en la piel de la que por fin comienzo a mejorar.

 

Este día, después de una cita médica, decidí hacer una parada rápida en una farmacia. No conocía bien la zona, así que elegí la primera farmacia que vi, estacionándome en lo que pensé era un parqueadero de la tienda. Estuve solo unos minutos, quizás 5 o 7, buscando lo que necesitaba, que dicho sea de paso no conseguí, pero al salir, me encontré con algo que no esperaba: mi carro tenía una pegatina y estaba inmovilizado.

 

Al principio, mi sorpresa fue total, pero al leer la pegatina, me di cuenta de que estaba estacionada en un lugar que no era un parqueadero público, sino privado, con cámaras, algo de lo que que ni siquiera me había percatado.

 

Llamé al número que aparecía y, minutos después, llegó un señor.

 

Aunque el proceso de liberar el carro era necesario, me sorprendió su actitud: fue muy amable y empático. Le expliqué que, debido a mi situación de salud, no podía estar mucho tiempo al sol, y él, entendiendo mi incomodidad, agilizó el trámite para que pudiera irme cuanto antes.

 

A pesar de mi frustración por tener que pagar 60 dólares, me sentí aliviada por la cortesía y la humanidad con la que me trató el señor. Es difícil no sentirte un poco impotente cuando te enfrentas a situaciones como esta, pero en ese momento me di cuenta de algo muy importante: las circunstancias no siempre son justas, pero lo que sí podemos controlar es cómo reaccionamos ante ellas. Yo elegí mantener la calma, agradecer por la comprensión de esa persona y, sobre todo, no dejar que algo tan intrascendente me arruinara el día.

 

Este incidente me recordó, una vez más, que la vida no siempre es perfecta ni predecible, pero lo que realmente importa es cómo decidimos vivirla. Y aunque pagar esos 60 dólares no me pareció justo, agradecí haber encontrado a alguien dispuesto a ser empático, lo cual hizo que todo fuera un poco más fácil de manejar.

 

Al final del día, lo que más valoro de esta experiencia es lo que siempre he predicado: no es lo que te pasa, sino cómo eliges reaccionar ante lo que te pasa. Esa es la verdadera clave para mantenernos positivos, pase lo que pase.

 

Gracias por acompañarme siempre en este viaje de aprendizaje y crecimiento. Y, como siempre, te invito a reflexionar: ¿cómo reaccionas tú cuando la vida te presenta un desafío inesperado?

 

Y recuerda que si buscas inspiración y contenido que te ayude a construir tu mejor versión, todos los episodios de mi pódcast En Positivo siguen disponibles para ti.

 

Con todo mi cariño y gratitud,

 

Lourdes

 
 
 

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